Un Blog para cada Ciudadano

Educando a Petra

La Educación de Finifú y Finifá

Funcionario, ¿el fin de la Odisea?

11/09/2008

 

 

U

no no hace más que preguntarse; la verdad es que cada día que pasa me hago más preguntas. ¿Qué significa la palabra apto? Podría significar que una persona vale, que suple la mayoría de las exigencias conforme a un determinado perfil. Esto que parece tan simple, una ponderación satisfactoria entre exigencias y aptitudes, se complica cuando el individuo intenta acceder a un puesto en la administración como funcionario docente.

Entiéndase que, cuando en una carrera profesional hay cambio de perfil, es decir, de puesto de trabajo o desempeño de funciones, la valoración y/o evaluación es lógica y necesaria.  Lo que no se entiende -o al menos el que subscribe no lo ve tan claro- es la fiebre que parece haber entrado en la administración por calificarlo y catalogarlo todo; sin cuestionarse antes si es necesario, si procede o si entra en contradicciones en su aplicación.

Este es el caso que está ocurriendo con los docentes de la Consejería de Educación (Primaria, Secundaria y Especialistas) en prácticas. Una vez superado el Concurso-oposición, por si fuera poco, se ven obligados a superar un período de prácticas, algo tan normal como, en muchos casos, innecesario. Se supone que con a superación del concurso has demostrado que sabes y que estás preparado/a para la responsabilidad que vas a ejercer, pues las pruebas que has superado así lo exigen. Sin embargo, no es así y te quedan unos cuantos periplos más: pelotearle al director, compadrear con tu tutor, servilear ante el inspector de turno o la comisión pertinente y pulsear con los trozos de memoria e informes que hayan caído en tu poder. Esto último lo cito por las reiteradas exigencias teóricas, que no tienen nada que ver con tu trabajo ni con el aula; al menos, en las coordenadas actuales: centro educativo- alumno-sociedad.

A riesgo de caer en la nostalgia, a algunos les queda la satisfacción de que se les evaluaba ante un grupo de alumnos y no por unos papeles o por llevarse bien con tal o con cual. También puede ser ilustrativa la experiencia que, poco después, tuvimos algunos otros: los cursos de cultura andaluza. Estos al menos eran preparatorios y no excluyentes, como ocurre ahora con el caso del “no apto”. Pero, en resumidas, cuentas el tema es: ¿procede o no procede una nueva valoración profesional del opositor tras haber aprobado las oposiciones? En este sentido cabría señalar algunas contradicciones:

Primera contradicción: al opositar demuestras tu preparación, tus conocimientos y dominio del temario al mismo tiempo que tu formación académica garantiza tu valía y solidez profesional. Tanto es así que apruebas el concurso-oposición frente a innumerables rivales; pero si el periodo de prácticas no es satisfactorio… puedes ser declarado no apto. ¿Qué pasa entonces? ¿Qué ha fallado de un tiempo para otro, el proceso de selección o el nuevo trámite de evaluación?

Segunda contradicción: En la actualidad existen gran cantidad de interinos de larga duración, tanto en primaria como en secundaria; unos ha aprobado las oposiciones y otros las aprobarán en breve- enhorabuena a ambos. Pero estos recién estrenados funcionarios llevaban años siendo aptos para la administración educativa, pues los contrataba curso tras curso. Resulta que ahora, cuando por fina han aprobado las oposiciones, ¿ya no son aptos o tienen que demostrarlo de nuevo?

Tercera contradicción o conveniencia: Desde el punto de vista del trabajador docente, sería más lógico que las exigencias o requisitos -los que fueran- se estableciesen de forma previa y no a posteriori.

Cuarta contradicción o crítica: el coste de la evaluación en el periodo de prácticas, para la administración educativa, es sangrante. Y no ya solo por las dietas o desplazamientos de las comisiones y evaluadores, sino por la alteración del normal desarrollo laboral a todos los niveles. Existen  incontables pérdidas de horas y la angustia que provoca, que hace que el docente no pueda centrarse en su trabajo,  estará todo un curso pendiente de otra evaluación.

Hay que pensar que, desde la propia ley de acceso a la función pública o desde el estatuto del funcionariado, deberían revisarse algunos aspectos. El actual sistema supone la concatenación de pruebas reiterativas y, como se has dicho anteriormente, en algunos casos contradictorias: sirva como ejemplo el caso del interino o interina con varios años de servicio; debe de volver a demostrar que sirve para el trabajo que viene desempeñando. ¿Y si suspende?

Pongámonos en el caso. Un mal informe provocado por diferencias personales o malentendidos. ¿Quiere decir que hasta entonces la administración ha estado contratando a un inútil? O quizás, y esto es más grave, ¿hay que pensar que la administración es tan magnánima, que todos valemos para todo hasta que no le toquemos las narices a nadie? Un poco de seriedad y congruencia, por favor. Que la administración ponga todas las trabas que pueda y deba para el acceso; al fin y al cabo es un proceso selectivo. Pero en el ejercicio de la labor docente, el reciclaje y actualización se llama formación. En todas las empresas ocurre así. ¿En la administración, no?

http://unblogparacadaciudadano.net/jugaco/2008/09/11/funcionario-iel-fin-de-la-odisea-/
0 Comentarios - Enviar comentario

¿Hacia dónde va la educación?

15/04/2008

Cuando el ruido cesa.

Existe una teoría, más bien una actitud ante la vida, por la cual aquello que no ves, que no tocas o que no oyes, no te afecta y por lo tanto, no te importa. En un sentido bidireccional, todas esas realidades que no percibes, no existen. Supone una curiosa forma de construcción parcial de la realidad, a través de individualidades.
Ni que decir tiene que es una forma sesgada, unitaria y no global, sin perspectiva; pero tremendamente útil a nivel individual: vives aislado, encapsulado y no sufres. Evidentemente, los problemas, las deficiencias y los conflictos permanecen ahogados, aletargados y latentes, pero a ti no te llegan.
En el capítulo de las relaciones humanas, la actitud descrita anteriormente, estaría bien. Somos muchos para interactuar de una forma ordenada, sería imposible controlar la totalidad de influjos e intentar darles respuesta. Mejor se queda uno como está. Ahora bien, a la hora de afrontar o iniciar relaciones, respecto de la administración, la educación o de la política. ¿Qué decisión toma el individuo?
En un principio, desde la perspectiva de la acción personal, el ciudadano puede demandar respuestas a nivel individual, grupal y social. Pero desde la otra perspectiva, la política o administrativa, las respuestas o decisiones se tomarán en función del ruido que se haga; si te callas, no existe el problema. Si no sonamos, para administración, es como si no existiésemos.
El término medio consiste en esperar a que las cosas vengan rodadas. En este caso no hay intención ni acción; los éxitos o los fracasos no son atribuibles y, en el juicio o balance global, no se ha hecho nada. Ocurre, entonces, que las cosas y las situaciones son así porque son y mejor no tocarlas. En muchos casos sería mejor así: una separación aséptica entre los problemas y las circunstancias y las intenciones o manejos políticos y administrativos.
En ambos casos, el divorcio entre administración y ciudadano, entre política y sociedad, evidente. A cada día que pasa se agiganta la grieta referencial entre los problemas y las soluciones aportadas.
Al sistema educativo en España se le han adjudicado muchas responsabilidades, demasiadas responsabilidades. Es como si la sociedad actual, frustrada y cambiante, proyectase su inconformismo, su desconcierto y su vacío existencial sobre la educación. Cuando se utilizan mal los datos, se analiza de forma alevosa los indicadores o se especula con fórmulas estadísticas, se está tergiversando la realidad. La consecuencia directa es que se están vertiendo juicios e interpretaciones erróneas sobre la realidad educativa, sobre la familia, sobre el alumno, sobre el docente y sobre su trabajo… Todo ello, ¿a cambio de qué?
Imaginemos que la administración culpa al docente de un hipotético disfuncionamiento del sistema educativo. ¿Se imaginan vds. La ilusión y motivación con la que ese profesional acude al día siguiente a su centro de trabajo? Yo sí. Ninguna; acude por obligación, porque es su trabajo. Eso sí, sin una pizca de conciencia de estar realizándose profesional o laboralmente. Ni que decir tiene que ninguna esperanza en que su labor algún día sea reconocida. No se puede pedir vocación a base de palos (entiéndase, en sentido figurado, palos morales).
Hagámonos otro planteamiento y pongámonos en la otra parte: el valor social de la educación. El modelo social, en nuestro país, por hablar de un referente territorial, no nos viene dado; se está configurando. Luego en nuestros centros educativos, no se puede preparar o formar para vivir en un modelo inexistente. Sirvan de ejemplo los modelos transversales de la educación para la salud y el consumo y la propia asignatura de educación para la ciudadanía. En ambos casos, los planteamientos curriculares, el propio discurso en sí, pierde vigencia antes de llegar a los centros educativos. Y esto ocurre no porque estén caducos o no sirvan, sino porque no se corresponden con un modelo o referente en la calle. En la calle, la sociedad en general, los medios de comunicación, el modelo familiar y el propio individuo, caminan por separado. Otra brecha; ésta vez entre sociedad y escuela.
La administración persigue el análisis de indicadores, que diagnostiquen, hasta qué punto el individuo está preparado para la vida (criterio aptitudinal). En los centros educativos, por contra, se trabaja desde la base de que lo importantes es formarse para la vida (criterio actitudinal). Ambos puntos de vista, que no tienen por qué ser excluyentes, desembocan en resultados o realidades dispares; sobre todo porque la demanda social hacia la educación no está definida o es incongruente.
En las últimas tres décadas, la sociedad se ha configurado a golpe de subvenciones, de consumo incontrolado de todo tipo, de éxito rápido y fácil, de turismo de tránsito, de vorágine laboral y de multiculturalidad. Desde estas líneas no se pretende hacer un juicio, ni un posicionamiento, pero la sociedad actual todavía no ha digerido tanto cambio. ¿Pretendemos que el sistema educativo sí?
Juan Gámez Cobo (Tarifa)

http://unblogparacadaciudadano.net/jugaco/2008/04/15/hacia-donde-va-la-educacion/
0 Comentarios - Enviar comentario

Siempre Habrá una Puerta

23/02/2008

Siempre habrá una puerta

Resulta difícil discernir entre lo bueno y lo malo, entre lo que conviene y lo que no conviene, sobre todo cuando los acontecimientos te vienen encadenados, sin discontinuidades; todo es dado “por bueno” desde el momento justo en el que ocurre. Es como si las cosas fueran así, porque sí, sin más.
Los seres vivos, en general, nacen, crecen, se reproducen y... Las personas, en particular, no escapan a estas leyes de la vida, sólo que durante todo este transcurso pueden hacérselo más fácil o más difícil; están eligiendo. Esa es la característica irrefutable del hombre: elegir. La elección es la consecuencia más directa en el ejercicio de la más preciada de las potestades humanas, la LIBERTAD.
La libertad primera y básica, aquella que te permite decir NO, la del bebé espléndido en su egocentrismo, la que la sociedad con sus usos y manejos termina por erradicar. La libertad última es la adulta, la que se ejerce de forma consciente. Entre la una y la otra hay todo un camino, un camino lleno de puertas, puertas en las que el derecho y el miedo a equivocarse van juntos. Son puertas abiertas, que te invitan a entrar, puertas que te las abren tus mismos compañeros de viaje, puertas que, en el mejor de los casos no llevan a ninguna parte, y en el peor, no tienen salida: el alcohol, el tabaco, o la cocaína, sólo sirven para querer consumir más y terminan por destruir a la persona que atrapan.
Hay un período o etapa en el ciclo vital del ser humano en el que, tomando como base lo existente, se fraguan o construyen los hábitos e intereses del futuro: la adolescencia. Hablar de ella, no solo es tarea ardua, sino que es imposible; la adolescencia no está hecha para contarla, sino para vivirla. En este sentido, los adolescentes, nuestros niños-hombres y nuestras niñas-mujeres, están cumpliendo a la perfección con el guión de los cometidos vitales: VIVIR.
Pero, ¿cómo viven y hacia dónde van? Alguien dijo que la vida es “lo que te ocurre mientras vives” Vivir y aprender no siempre van unidos. No en este mundo, en el que todo va demasiado deprisa. Ahora le toca al botellón, antes lo fueron las verbenas, los guateques... la movida en general, definitoria de generaciones y épocas.
El botellón no es sino una fórmula o estrategia más para divertirse y relacionarse, para crecer como individuos sociales. He aquí que por, primera vez, el “ya no tan niño/a” tiene el mundo ante él, delante, a su alcance con solo abrir la puerta... ¿todas, unas pocas, una sola? En principio, y por naturaleza, abrirá más de una.
Hasta aquí todo va bien, lo malo viene cuando parece que nuestros adolescentes y jóvenes están avocados a abrir la puerta del alcohol bajo un lema que es tan engañoso como sencillo: “...si no se consume alcohol, no hay diversión.”
Se me cae el alma cuando veo pasar manadas de chicos y chicas pegados a sus bolsas de plástico, pegados a sus botellas; dicen que es más barato pero, ¿es que hay que beber para poder andar? Todos hemos sido niños, adolescentes, jóvenes y... lo que está detrás de la puerta del consumo abusivo de alcohol, mejor me reservo el nombre.
Al dejarnos atrapar por el alcohol, al hacerlo necesario e imprescindible en nuestras vidas, estamos renunciando a la posibilidad de poder elegir, a nuestra libertad más íntima, la de decir NO QUIERO
Algunos y algunas, que ya hemos estado ahí, podemos afirmar que entrar es fácil, solo hay que llamar, a veces ni eso, la puerta estará abierta. Lo grave viene después, cuando quieras salir y te sea difícil encontrarlas, cuando los que entraron contigo no quieran que los abandones, cuando las puertas estén cerradas.
El alcohol es una puerta equivocada, antesala de otras muchas puertas que no llevan a ninguna parte.
Juan Gámez Cobo.

http://unblogparacadaciudadano.net/jugaco/2008/02/23/siempre-habra-una-puerta/
0 Comentarios - Enviar comentario

Tarifa en el Estrecho, Tierra de Nadie"

23/02/2008

Tarifa en el Estrecho; Tierra De Nadie.

Existen circunstancias geográficas que pueden explicar, o por lo menos justificar, el discurrir del tiempo y el desenlace de unos acontecimientos u otros. Esto no supone una derivación lógica e inmediata hacia ningún tipo de determinismo geográfico ni físico; pero sí delimita parte de los factores intervinientes en la consolidación de cualquier idiosincrasia, costumbre, modo de vida y cultura de un pueblo, comarca o nación: Tarifa, El Estrecho, Andalucía.
Si mirando hacia atrás podemos explicarnos de las particularidades (habla, rasgos físicos, actividad económica, producción cultural, etc.), mirando hacia delante, intentando adivinar el futuro, también deberemos tener en cuenta éstas y otras circunstancias particulares, entre ellas la geográfica. ¿Qué futuro nos aguarda?
En el título aparecía Tarifa en el Estrecho, tierra de nadie y habría que añadir: “y de todos”, porque su situación territorial le ha hecho ser encrucijada de gran parte de lo acontecido, de lo que está ocurriendo y de lo que está por llegar. No basta con saber quienes han pasado por aquí, lo que han hecho y lo que nos han dejado; también debemos tener en cuenta a los que están viniendo, vienen y vendrán a este paraíso de paso y el uso político que se le esté dando de cara a la consolidación del futuro.
La influencia cultural, religiosa, lingüística y de costumbres está garantizada. Somos el fruto de nuestros antecesores y seremos la semilla de nuestros sucesores. Esto que suena a frase hecha es la realidad palpable alrededor de nuestro Estrecho de Gibraltar. Si en el pasado el cruce de culturas se producía por motivos políticos, económicos y militares; hoy esta mezcla gana componentes como el turístico, la implantación empresarial y la inmigración.
Si preguntásemos en la calle, por la diferencia entre un pueblo costero y un pueblo de interior, ésta podría estar más o menos clara; el primero está bañado por el mar y el segundo no. Pero si la pregunta fuese establecer la diferencia entre un pueblo de interior y El Estrecho, ¿cuál sería la respuesta?
Ser lugar de paso, lo convierte en punto de mira de todos y de nadie, en lo primero y en lo último en una escala política de intereses. Así podemos observar actuaciones de desarrollo económico cuyas pretensiones sólo duran algunos años; son inversiones y negocios “al paso”; que no crean riqueza en el entorno
En la época actual, con una reivindicación merecida por la cultura del cuerpo, el ejercicio físico y el deporte de inmensas minorías, le concede el calificativo de “aliento de vida” de cara al futuro; pero sólo eso: un soplo. Porque en nuestra comarca, en nuestro pueblo, no se están creando asociaciones ni clubes, ni infraestructuras hoteleras o deportivas que sustente el futuro.
Las energías renovables y no contaminantes... ¿las vemos? Ni siquiera la disfrutamos. Y en cuanto al desarrollo comarcal, no ha supuesto más que las comisiones de los corredores y los ingresos de los que venden o arriendan el terreno; además de la consabida permisividad política que algunos frutos habrá sacado para el municipio. ¿Una mala gestión política?
La conexión con África, a través de las líneas marítimas dura lo que va desde la puesta de sol hasta que canta el gallo, por decir algo. ¿A eso queda reducida una línea marítima?
Grandes obras; díganse carreteras, accesos, logística de suministros y servicios, no se han creado. Y así tenemos turismo sin infraestructura hotelera, molinos sin fabricación ni mantenimiento (y sin luz), puerto sin accesos y algunas otras cosas “sin”.
Esta es nuestra Tarifa y nuestro Estrecho, paradoja de la vida, la comarca más desconectada con el resto de la nación, de la nuestra y de la otra. Curioso, cuando somos hijos de los pueblos que han pasado por aquí y delos que han querido quedarse, que son casi todos. Seguimos siendo tierra de nadie.
Este “aislamiento” geográfico intencionado, no es explicable desde el punto de vista histórico ni político, ya nos lo dieron a entender los ingleses hace unos cuantos siglos; somos más estratégicos y más importantes de lo que pretenden hacernos creer. Parece ser que a nuestros políticos se les han olvidado los errores que cometieron sus predecesores. La importancia geográfica de un lugar viene dada por su situación y la relevancia que pueda tener una determinada zona, depende mucho de la consideración y voluntad política para levantarla. Es aquí donde todos los gobiernos están contribuyendo al gran error; simplemente ignoran Tarifa, ignoran el Estrecho.
Desde las distintas administraciones se está haciendo lo imposible para que el Campo de Gibraltar no levante cabeza, dejándolo navegar “a la deriva”, No se sabe cuanto durará este estado de catalepsia política; quizás para cuando despierten, este estrecho que ahora es de nadie sea ya de todos y, como siempre, será tarde. Y quizás para entonces, los tarifeños, campogibraltareños y andaluces hayamos aprendido a defender lo que nos corresponde y crecer pensando que nadie tiene porqué venir “a salvarnos”; sobre todo los partidos políticos “estatales”, que tan bien lo hacen –a su favor claro-.
Juan Gámez Cobo.

http://unblogparacadaciudadano.net/jugaco/2008/02/23/tarifa-en-el-estrecho-tierra-de-nadie/
0 Comentarios - Enviar comentario

A debate: educar sin modelo

23/02/2008

A debate: educar sin modelo.
A mí, como ciudadano, que un grupo de venerables obispos venga a decir que el Estado pretende adoctrinar con una asignatura y que por tanto, no debe figurar o es mala, me parece una desfachatez. Una ironía de la vida, o como decía la parábola: ves una paja en el ojo ajeno y no ves una viga en el tuyo. Si alguien, tradicionalmente, ha pretendido aleccionar por antonomasia, ese alguien ha sido la Iglesia. Pero esto no es ningún problema para la sociedad; todos sabemos que la iglesia pretende adoctrinarnos y lo aceptamos o lo dejamos, no hay engaño.
Ahora bien, que el gobierno pretenda lavar sus culpas y tapar la ineficacia de un sistema, institucionalizando una asignatura, como panacea que erradicará otros males, me parece vergonzoso, ridículo y sintomático de falta de ideas o modelos referenciales válidos. El modelo político español, por ende el educativo, no ha conseguido zafarse, en estos treinta años pasados, del decretazo, de intentar arreglar las cosas a aguas pasadas y de parchear.
La condición humana también afecta a los políticos y legisladores: no quiero el pasado, pero me da miedo el futuro; por lo tanto, dejo que las cosas ocurran y después intento arreglarlas. Esta actitud ante la acción, lógica y normal entre todos nosotros, ciudadanos de a pie, no puede ser el eje que vertebre un sistema educativo y los políticos o técnicos de turno, deberían tenerlo en cuenta.
No es de buen talante político asumir los errores; sobre todo porque después de hacerlo, normalmente, te obligan a dimitir. La lógica, entonces, está muy clara: a base de decreto regulador, pretendo enmendar el error. Se comete de nuevo la torpeza de considerar el sistema educativo como un enorme cajón de sastre donde todo tiene cabida: se legisla y se relegisla, añades nuevos contenidos sumativos y dispersos, revuelves y confundes a los profesionales, no dejando títere con cabeza; amén de no posibilitar un modelo o marco de trabajo claro y estable.
No sé si algún pensador se le habrá ocurrido antes -si es así, disculpen mi ignorancia- pero por si acaso, me gustaría decirlo bien claro: la educación debería ser lo único en lo que deberíamos estar de acuerdo todos. El hombre, hoy en día y contra lo que se pueda pensar, no es un ser estrictamente natural; el hombre, en la actualidad, en un ser esencialmente cultural. La cultura y la ciudadanía exigen un ejercicio de libertad; libertad que se ejerce cuando se tiene, a partir de la mayoría de edad. ¿A qué estamos jugando, entonces, con nuestros niños y adolescentes? ¿A brindarles un mundo de adultos, sin configurar y pretender que lo entiendan y acepten de buen grado?
Normalmente, es una técnica muy antigua, cuando queremos ocultar algo, intentamos desviar la atención de los demás hacia otro sitio. En este caso, el Estado (o gobierno, como ahora quieren que se les llame) y otros grupos políticos y sociales dominantes, han centrado la atención en la educación para la ciudadanía… No sé si serán conscientes de que los problemas son otros y de que hay bastantes más. Tampoco consigo vislumbrar qué es lo que pretender ocultar; pero de lo que sí estoy seguro es de que han dado un paso en falso. Y es que, los profesionales, todavía no tenemos claro cuál es el modelo de ciudadanía que hay que vender, o el que el gobierno quiere que vendamos. ¿Y ustedes?
Juan Gámez Cobo (ANPE-Cádiz).Tarifa

http://unblogparacadaciudadano.net/jugaco/2008/02/23/a-debate-educar-sin-modelo/
0 Comentarios - Enviar comentario

La Libertad Perdida

07/10/2007

La Noche Que Llega Al día; El Día Que Viene De La Noche.

No es una frase sacada de ninguna novela romántica, si no la crónica angustiosa de un día cualquiera en el estío andaluz. Del Turismo de Calidad, estamos pasando al Turismo o Noctambulismo del Miedo.
¡Viva la LIBERTAD! Pero, ¿dónde está MI libertad?
La libertad, considerada en su dimensión más física, material y social, está desvirtuada. ¿De qué me sirve a mí, mi libertad, si los otros no me dejan ejercerla?
En la sociedad actual se está produciendo una continua y sistemática violación de los derechos del otro, de los demás (entre esos otros estoy yo).
Un sistema garante de las libertades no debe aceptar que el miedo se instale en los entresijos de su ciudadanía, en el día a día de los andalusitos de a pie (de los que trabajan, comen, duermen y pagan, porque para otras cosas no les queda ni tiempo, tampoco le queda dinero, ni ganas). Existimos una serie de ciudadanos que exigimos el derecho a pasear con nuestros hijos por las calles, a respirar aire libre de “zotalmeaos” y al descanso. En este mundo (y el mundo empieza por la conciudadanía), debemos caber todos: jóvenes y mayores, los que duermen y los que trasnochan, los que trabajan y los que están de vacaciones.
Sin embargo, en los últimos tiempos este equilibrio relacional no se cumple: las ordas invaden el asfalto y los adoquines, cabalgan a lomos de los Nike’s, Kelme’s y chancla’s, ensuciando, destruyendo y amenazando las libertades -derechos también- de los demás. Créanme, transmiten un clima de miedo e inseguridad. El otro día oía yo que un ayuntamiento andaluz iba a regular las horas trabajo en la construcción para garantizar el derecho al descanso de los turistas. ¿Alguien puede indicarme cómo se regulan las ordas de la noche/día? Al fin y al cabo los albañiles están trabajando para ganarse la vida, pero los que se divierten -no es esta la palabra- ensuciando, molestando y destruyendo a su paso, no consigo adjudicarles una razón en su proceder; al menos una razón mínimamente coherente, no ya de utilidad.
Y gran parte de esto es lo que está ocurriendo. Yo no puedo decirle a uno, que está de juerga, que no se mee en mi portal, que no rompa botellas ni grite, que necesito dormir y que mañana tengo que salir a la calle. No... Porque esa misma noche, con suerte la siguiente, me pinta la fachada, me arroja botellas a las ventanas o... ¿Soy libre en mi propio pueblo, en mi propia casa?
Como ciudadano, puedo tener recogidos y reconocidos todos los derechos habidos y por haber pero, ¿de qué me sirven si se mean y se cagan en mi puerta, si no me dejan dormir o no puedo circular por la calle?
Yo, que intento a enseñar a mis hijos a no dar golpes ni pisotones porque molestamos al vecino de abajo, tengo que explicarles que: a la una, a las dos, las tres, las cuatro, las cinco... de la madrugada, los que están en la calle tienen derecho a gritar, a cantar, a todo. Porque están de fiesta, están borrachos, no tienen respeto o yo que sé. Y siguen las explicaciones para las seis, para las siete, para las ocho, para las nueve de la mañana... La verdad, se me están acabando los argumentos (o me sobran horas, no sé).
Queda lejas ya, aquella frase que oíamos en nuestros centros educativos en los albores de la democracia: “tu libertad termina donde empieza la de los demás”. Yo creo que la aprendí, al menos intento tenerla presente. Ahora bien, ¿estáis seguros de que a los otros se les ha dicho lo mismo? ¿se han enterado? ¿lo han aprendido? Creo que en algo nos estamos equivocando; y no es en el concepto de democracia, si no en el ejercicio de la misma.
La transmisión de valores, normas y principios no es biológica, como puede serl la paternidad, por ejemplo; sino cultural y por tanto, deben ser enseñados y aprendidos. Quiere esto decir que a los jóvenes -y no tan jóvenes- hay que decirles lo que está bien y lo que está mal -luego cada uno hará lo que crea, en el ejercicio de su libertad, pero debe conocerlo-. No podemos dar las cosas por hechas o sabidas, hay muchas cosas, por no decir todas, que deben decirse... e intentar que se cumplan. ¿Dónde está el Orden Público, la prohibición de consumir bebidas alcohólicas en la calle, o las Normas de Ciudadanía?
Quizás estemos en unos coordenadas histórico-culturales en las sería conveniente restituir el concepto de autoridad. La existencia de autoridad, institucional, pública, no es mala, al contrario, es buena aunque solo sea como punto de referencia; de lo que se puede y de lo que no se puede, como límite a nuestra expansión caótica, aplastante, perdida e irrespetuosa respecto de los demás.
Siempre he pensado que el ejercicio de un derecho conlleva la observación y el cumplimiento de ciertas obligaciones. Yo, como cualquier ciudadano, tengo derecho a... pero de igual modo debo asumir las servidumbres que la sociedad me impone: horarios, servicios, higiene, locales, etc.
La libertad ni se vende ni se compra, pero hay otras muchas cosas que sí. Las autoridades, los padres también, vivimos preocupados porque nuestros adolescentes falten un día a clase. Pero parece no preocuparnos que, con trece-catorce o pocos años más, pasen la noche y el día consumiendo alcohol..., destruyéndose. Es la forma más subliminal y triste de empezar a perder la libertad y de paso, hacérsela perder a los demás.
Juan Gámez Cobo. Tarifa (Cádiz)

http://unblogparacadaciudadano.net/jugaco/2007/10/07/la-libertad-perdida-1/
0 Comentarios - Enviar comentario

La Libertad Perdida

07/10/2007

La Noche Que Llega Al día; El Día Que Viene De La Noche.

No es una frase sacada de ninguna novela romántica, si no la crónica angustiosa de un día cualquiera en el estío andaluz. Del Turismo de Calidad, estamos pasando al Turismo o Noctambulismo del Miedo.
¡Viva la LIBERTAD! Pero, ¿dónde está MI libertad?
La libertad, considerada en su dimensión más física, material y social, está desvirtuada. ¿De qué me sirve a mí, mi libertad, si los otros no me dejan ejercerla?
En la sociedad actual se está produciendo una continua y sistemática violación de los derechos del otro, de los demás (entre esos otros estoy yo).
Un sistema garante de las libertades no debe aceptar que el miedo se instale en los entresijos de su ciudadanía, en el día a día de los andalusitos de a pie (de los que trabajan, comen, duermen y pagan, porque para otras cosas no les queda ni tiempo, tampoco le queda dinero, ni ganas). Existimos una serie de ciudadanos que exigimos el derecho a pasear con nuestros hijos por las calles, a respirar aire libre de “zotalmeaos” y al descanso. En este mundo (y el mundo empieza por la conciudadanía), debemos caber todos: jóvenes y mayores, los que duermen y los que trasnochan, los que trabajan y los que están de vacaciones.
Sin embargo, en los últimos tiempos este equilibrio relacional no se cumple: las ordas invaden el asfalto y los adoquines, cabalgan a lomos de los Nike’s, Kelme’s y chancla’s, ensuciando, destruyendo y amenazando las libertades -derechos también- de los demás. Créanme, transmiten un clima de miedo e inseguridad. El otro día oía yo que un ayuntamiento andaluz iba a regular las horas trabajo en la construcción para garantizar el derecho al descanso de los turistas. ¿Alguien puede indicarme cómo se regulan las ordas de la noche/día? Al fin y al cabo los albañiles están trabajando para ganarse la vida, pero los que se divierten -no es esta la palabra- ensuciando, molestando y destruyendo a su paso, no consigo adjudicarles una razón en su proceder; al menos una razón mínimamente coherente, no ya de utilidad.
Y gran parte de esto es lo que está ocurriendo. Yo no puedo decirle a uno, que está de juerga, que no se mee en mi portal, que no rompa botellas ni grite, que necesito dormir y que mañana tengo que salir a la calle. No... Porque esa misma noche, con suerte la siguiente, me pinta la fachada, me arroja botellas a las ventanas o... ¿Soy libre en mi propio pueblo, en mi propia casa?
Como ciudadano, puedo tener recogidos y reconocidos todos los derechos habidos y por haber pero, ¿de qué me sirven si se mean y se cagan en mi puerta, si no me dejan dormir o no puedo circular por la calle?
Yo, que intento a enseñar a mis hijos a no dar golpes ni pisotones porque molestamos al vecino de abajo, tengo que explicarles que: a la una, a las dos, las tres, las cuatro, las cinco... de la madrugada, los que están en la calle tienen derecho a gritar, a cantar, a todo. Porque están de fiesta, están borrachos, no tienen respeto o yo que sé. Y siguen las explicaciones para las seis, para las siete, para las ocho, para las nueve de la mañana... La verdad, se me están acabando los argumentos (o me sobran horas, no sé).
Queda lejas ya, aquella frase que oíamos en nuestros centros educativos en los albores de la democracia: “tu libertad termina donde empieza la de los demás”. Yo creo que la aprendí, al menos intento tenerla presente. Ahora bien, ¿estáis seguros de que a los otros se les ha dicho lo mismo? ¿se han enterado? ¿lo han aprendido? Creo que en algo nos estamos equivocando; y no es en el concepto de democracia, si no en el ejercicio de la misma.
La transmisión de valores, normas y principios no es biológica, como puede serl la paternidad, por ejemplo; sino cultural y por tanto, deben ser enseñados y aprendidos. Quiere esto decir que a los jóvenes -y no tan jóvenes- hay que decirles lo que está bien y lo que está mal -luego cada uno hará lo que crea, en el ejercicio de su libertad, pero debe conocerlo-. No podemos dar las cosas por hechas o sabidas, hay muchas cosas, por no decir todas, que deben decirse... e intentar que se cumplan. ¿Dónde está el Orden Público, la prohibición de consumir bebidas alcohólicas en la calle, o las Normas de Ciudadanía?
Quizás estemos en unos coordenadas histórico-culturales en las sería conveniente restituir el concepto de autoridad. La existencia de autoridad, institucional, pública, no es mala, al contrario, es buena aunque solo sea como punto de referencia; de lo que se puede y de lo que no se puede, como límite a nuestra expansión caótica, aplastante, perdida e irrespetuosa respecto de los demás.
Siempre he pensado que el ejercicio de un derecho conlleva la observación y el cumplimiento de ciertas obligaciones. Yo, como cualquier ciudadano, tengo derecho a... pero de igual modo debo asumir las servidumbres que la sociedad me impone: horarios, servicios, higiene, locales, etc.
La libertad ni se vende ni se compra, pero hay otras muchas cosas que sí. Las autoridades, los padres también, vivimos preocupados porque nuestros adolescentes falten un día a clase. Pero parece no preocuparnos que, con trece-catorce o pocos años más, pasen la noche y el día consumiendo alcohol..., destruyéndose. Es la forma más subliminal y triste de empezar a perder la libertad y de paso, hacérsela perder a los demás.
Juan Gámez Cobo. Tarifa (Cádiz)

http://unblogparacadaciudadano.net/jugaco/2007/10/07/la-libertad-perdida/
0 Comentarios - Enviar comentario

A la búsqueda de la autoridad perdida

15/02/2007

A La Búsqueda De La Autoridad Perdida

Quizás el título no sea la expresión más fiel de lo que pretendo transmitir; quizás debiera decir: huelga en educación...¡ya era hora!, a la sombra de la autoridad perdida o... ¿qué están pasando en las aulas? El sistema educativo público no universitario de la provincia, se autodiagnostica: convocatoria de huelga suscrita por todos los sindicatos presentes en la Junta de Personal en protesta por la agresión de un profesor.
Una huelga curiosa, pues no se pide incremento salarial, ni incremento del fondo de pensiones, ni revisión de derechos o condiciones laborales, ni nada. Los profesores de la provincia piden que se les deje trabajar, o lo que es lo mismo que ya están hartos y que casi no pueden más. Triste labor puede desempeñar un profesional que acude a su centro de trabajo con miedo.
Sin embargo, es esta una convocatoria a la que se le ha dado poca publicidad. Una junta de personal que ha sido recién elegida (30 nov 06), debería de tomarse más serio la sensibilización y posterior movilización de sus representados. En el ambiente educativo nos movemos entre la sensación generalizada de que algo tenemos que hacer y el ruego vehemente de que el seguimiento sea masivo, o cuando menos, mayoritario. ¿Tanto cuesta mover a la gente hoy en día? Parece como si no nos revolviésemos ni siquiera cuando se nos desposee de lo intrínsecamente nuestro: el trabajo, la labor por la cual se nos paga.
Todos los sectores, administración, profesores, padres, alumnos y ciudadanos en general, coincidimos en que se ha producido una desvirtuación de la acción educativa y un enrarecimiento del clima que se vive en los centros (padres-profesor-alumnos). La creciente conflictividad amenaza con impedir, o cuando menos obstaculizar, la labor educativa en sus acepciones más honestas: una enseñanza integral, plural y democrática. Se está llegando al punto en el que los alumnos que sí quieren aprender no pueden porque no les dejan y los profesores que quieren enseñar, ni pueden ni se les deja trabajar.
Pero este estado de las cosas: natural-desvirtuado, ¿ocurre solo en los centros de enseñanza reglada? Probablemente no. Es más, seguro que no. A diario vivimos ejemplos de falta de civismo y de violencia: en la calle, en la tienda, en el restaurante, en la carretera o en los parques. Se podría afirmar que hasta la misma forma de divertirnos y de ocupar nuestro tiempo de ocio se ha vuelto ruidosa, irrespetuosa y agresiva respecto de los demás (en ocasiones de nosotros mismos). ¿Es, entonces, un mal de las aulas? No; tiene un carácter más generalizado y sus derivaciones e implicaciones abarcan lo personal, lo familiar, lo social y lo comunicativo.
Bien es cierto que las sociedades democráticas avanzan en base a instabilidades resueltas, pero en la nuestra, quizás estemos postergando demasiado el momento de resolverlo. Nuestro sistema educativo (al menos el público, que es el conozco) ha sufrido diversos y variados cambios que “no han cuajado”, pues no han tenido el tiempo suficiente para arraigar y asentarse. La oferta educativa es, al mismo tiempo, demasiado plural y demasiado insuficiente, por lo que provoca sensaciones contradictorias: el profesor parece que no enseña y el alumno parece que no aprende. Además, el profesor emplea la mayoría del tiempo intentando resolver conflictos que no deberían existir y, por ende, tampoco se resuelven o no es capaz de resolverlos: ha perdido la autoridad.
Al hilo de todo esto, me gustaría fijar una premisa, muy personal(sacada únicamente de mi torpe experiencia): no puede haber enseñanza sin educación, sin respeto, sin atención, sin interés o sin trabajo. Los padres y madres de hoy en día deberíamos inculcar a nuestros hijos un poco más de cultura del esfuerzo, de mentalidad positiva hacia la realización personal a través del trabajo y del conocimiento.
¿Qué es lo que ocurre? ¿Cómo se puede llegar a agredir –pegar- a un profesor? Lejos queda ya la imagen del maestro con la regla dando en las palmas, o la tristemente célebre frase de la “letra con sangre entra”. Entre aquellas “formas” y la total pérdida de consideración existente en la actualidad, reina un abismo; un abismo que no es tal, pues solo han pasado tres décadas. Treinta años para concluir que no sabemos dónde estamos.
La libertad se ejerce en el marco de los derechos y los deberes; es decir en un ambiente reglado, donde las normas protegen a las personas, al tiempo que les autoriza para exigir sus derechos, respetando los de los otros. Sin embargo, “algo” no va como debiera ir... ¿Nos hemos relajado en la observación de las normas? Entendiendo observación como vigilancia y cumplimiento. ¿Valora la sociedad a la Escuela o el Instituto como instituciones útiles? ¿Vuelca el ciudadano sus fracasos y frustraciones en las instituciones más próximas, como la escuela, la sanidad, la policía o el ayuntamiento? ¿A qué viene, pues, esta agresividad?
A título muy personal y de forma particular, considero que se deben dar ya los pasos necesarios para evitar que los problemas vayan a más. En este sentido, me atrevería a pedir:
Que la administración cree las comisiones u observatorios que quiera, pero que lo haga operativos y que intervenga; que los problemas no se arreglan solos, que los mediadores o educadores sociales, que los sanitarios y los orientadores formen plantilla de los centros , que las fuerzas de seguridad vigilen realmente los centros... que termine con el abandono en el que tiene sumido a sus profesionales.
Que los profesores, profesionales de la enseñanza, actúen como tales, que no se aguanten más y exijan unas condiciones dignas en su trabajo, que ejerzan sus derechos y que no se callen.
Que la sociedad, en su sentido más amplio, sea más civilizada y que el sentido social de la educación se haga extensible a la calle.
Que las familias piensen en la educación y el aprendizaje por parte de sus hijos como una obligación y no solo como un derecho vano, que no termina de materializarse ni se ejerce.
Que los alumnos se pongan de vez en cuando en el lugar del profesor; pues el mundo futuro estará en sus manos.

Juan Gámez Cobo
Tarifa

http://unblogparacadaciudadano.net/jugaco/2007/02/15/a-la-busqueda-de-la-autoridad-perdida/
0 Comentarios - Enviar comentario

Los hijos del Loco

19/11/2006

Los Hijos Del Loco

“Dedicado a todos aquellos que crecieron con las letanías del Loco de la Colina y sus disertaciones (o paridas) radiofónicas en las tardes andaluzas de RNE en Sevilla”

No hay costumbres sobre las que no se escriba o diga nada; no hay aseveraciones que no tengan algo o todo de mentira.

Éramos niños, casi adolescentes en reclamo (reclamo mental y físico), con la mente abierta y el cuerpo en desasosiego. Abrazados a la austeridad y a la líbido, al futuro incierto, a las ideas imposibles y los sueños. Gigantes e impotentes, terrenales e infinitos, dueños solo de nuestra propia inconsistencia...
Cuando el ser se vuelve leve, transparente y real, allí estaba nuestro Sartre particular de las ondas, del aire, de los chirridos de la radio vieja, del sudor de los cuerpos exultantes, de las mentiras y desmentiras, de la poesía estática, mental, inventada, nihilista, kafkiana... de la vida misma. No se sabe si el sol le recalentó los sesos o si se los derritió para fundirlos en algo único: trémulo, rápido, ansioso, leve, filósofo de la vida y de lo imposible. Filósofo de la altura y de lo subterráneo, de lo que empieza y se acaba, del amanecer de hoy y del anochecer de siempre... DEL TODO Y DE LA NADA.
Personaje que sobrevuela las etnias, los paisajes, las gentes, sobre lo divino y lo inmundo, personaje que sobrevuela sobre sí mismo.
Cuando el ser empieza a dudar, cuando tu propia identidad empieza a aplastarte, cuando no sabes lo que tienes ni lo que necesitas... allí estaba el loco para hacerte dudar más de todo, para engrandecerte o hundirte en tu desconcierto, para alargar tu “pajas mentales”, para hacerte vibrar por el oído y la voz el cuerpo y la imagen soñada... ¿Cómo se puede “decir” lo que estás pensando?
Cada vez que me encuentro en un local, con un papel en blanco y la mente llena de no sé qué cosas, me acuerdo de aquello de TENGO QUE EMPEZAR POR DONDE SEA; aunque no llegue a ningún sitio. Por lo menos llegaré a mí mismo. Ésta última es esencia de al menos cuatro generaciones, llegar a donde sea: a los más mísero de ti, a lo más gallardo, a lo más anecdótico, a lo más auténtico... a donde sea. ¡Bendito loco!

Porque... cuando la parva estaba en la era, cundo el sol te asfixiaba y ni siquiera hacia aire para aventar, allí estaba yo, en lo alto de la parva ya rejuntá, esperando un soplo, escuchando y soñando y sigo aquí, ya sin parva, pero eso sí: soñando y escuchando.

Juan Gámez Cobo
Tarifa.

http://unblogparacadaciudadano.net/jugaco/2006/11/19/los-hijos-del-loco/
0 Comentarios - Enviar comentario

Política y Educación

17/11/2006

Política Y Educación.

Todos, ó casi todos, hemos recibido hemos recibido esa asignatura en nuestros periodos de formación. Lo que haya aportado al carácter personal de cada uno es tema aparte pero, la implicación real y social de esta materia – un tanto extraña cuando las ves en el currículum- va más allá de lo meramente académico; llevamos ya muchos años sufriendo la falta de criterios políticos y educativos válidos. Y en este sentido válido, quiere decir estable, coherente y duradero. No es conveniente un simple desfile de modificaciones o reformas que sólo provoca la nulidad de lo que aún no ha sido; un sistema educativo no se construye desde las paranoias y vaivenes: donde pongo quito y, cuando quito, pongo. ¿Es esa la estabilidad necesaria para el desarrollo de la labor educativa? El desconcierto actual no nos beneficia a nadie, mas bien nos perjudica a todos: maestros, alumnos, políticos y a la sociedad en general.
Siempre hay que pensar que: esté quien esté en el poder, el que pretende enseñar sí tiene que estar ahí; enseñando y educando, formando personas para nuestro futuro. No se puede obviar el acto educativo, empieza cuando ves... tantos ojos mirándote que, inmediatamente propician tu reacción. Y esta acción educativa, diaria, se encuentra desamparada desde los auspicios administrativos, desde la valoración política real, desde la consideración social y desde la propia perspectiva interna por el clima existente en los centros. Hemos convertido la educación en un refugio-albergue de niños, jóvenes y mayores, la formación de personas ha pasado a un segundo plano y lo que importa realmente son los números(que dicho sea aparte también deben contar). ¿Educar es esto?
Díganme ustedes, Sres. Políticos, si en sus preocupaciones internas figura la palabra ¡educar! Pues... todos los que estamos en “algún sitio” los hemos conseguido a través de la educación y del aprendizaje; una educación que enseña y forma, un aprendizaje que es la base del futuro de todo lo que se pretende.
Hay una consideración social y personal que es “manejar”, aplicable a todos los términos de la vida, pero políticamente hablando, ¿por qué no manejamos bien la situación? No es defendible que cueste tanto hacer bien las cosas, a través de la educación se llega a todos sitios, pero ocurre algo en las esferas del poder, ¿es que la educación no es rentable? ¿Dan más ingresos y más votos otras cuestiones? (claro, de los cero a dieciocho, no votan). Se equivocan, nos equivocamos todos. En la educación está la base de nuestro progreso como seres humanos y olvidarlo no puede conducir a nada bueno.
Políticamente pretendemos ser grandes y culturalmente, queremos ser un hito de referencia... Pues no hay cultura sin educación. Los componentes culturales no sirven sin una base educativa que los sostenga y, precisamente ésta, es la que todo político reforma sin importarle las consecuencias, ni las demandas sociales, ni los indicadores de fracaso, ni los profesionales que trabajan en ella, nada no les importa nada. Encargan un estudio a los tecnócratas de turno, se sientan y deciden ¡nada más fácil!, ¡pero nada más difícil!
Para ser un pueblo, un país, una nación que pretenda ser tenida en cuenta, primero hay que creérselo y, después, poner los medios. En lo referido a política educativa se está haciendo muy poco; estamos más preocupados por la economía y los indicadores de “espejo” externos que de nuestros propios problemas. Se trata de “comer y educar”, de luchar por conseguir que nuestras generaciones futuras sean la expresión de lo que nos falta por conseguir. Para eso hay mucho, mucho que invertir en educación y mucho más que preocuparse en lo referido a políticas educativas.

http://unblogparacadaciudadano.net/jugaco/2006/11/17/politica-y-educacion/
0 Comentarios - Enviar comentario
Valid XHTML 1.0
Valid CSS
Algunos derechos reservados
Derechos reservados