Cara de Tonto
martes, 25 de marzo de 2008 10:22
Cara de tonto
Se me ha quedado la cara de tonto. Y quizás no sea el día más adecuado para escribir, pues mi orgullo andaluz anda un tanto herido. Es curioso, pero cuando la casi totalidad del país habla de victoria: ha ganado la izquierda, ha subido la derecha y todo el mundo parece estar contento, a mí lo que me embarga es una gran frustración y una gran pena. Será eso por lo que tengo esta cara.
Hace unos días hablaba de los riesgos del bipartidismo, de sus intereses y de las consecuencias mas directas que se derivan para el estado –autonómico- Español. Si todas las comunidades autónomas fuéramos “cándidas”, la visión de un estado patriarcal, benefactor y ecuánime, sería perfecta: podría ser de derechas o de izquierdas, según el gusto de los electores; pero sería el resultado del voto de los españoles; que gane quien tenga que ganar (el más votado). Pero resulta que la configuración del Estado Español actual no es ésa. Vivimos en un Estado de las Autonomías, un estado pseudo-federal y las reglas del juego cambian: en cuanto exista una Comunidad que decida ejercer su voto útil, ya se ha fastidiado el invento. Esa es la realidad, y está ocurriendo desde la primera pérdida de la mayoría absoluta del PSOE, allá por los años ochenta. Por otra parte, y este es fallo achacable a los dos grandes partidos mayoritarios en nuestro país, cuando en campaña se ofrece y se pide una victoria mayoritaria, se está vendiendo una promesa y no una garantía de gobernabilidad. Se está engañando al electorado.
Cuando se habla de victoria y de derrota, algunos nacionalismos hemos perdido las elecciones, o no nos han votado que al final es lo mismo –eso no quiere decir que hayamos desaparecido- se están falseando los resultados y se está engañando una vez más al electorado: lo más triste de todo esto es una victoria sin efectos… ¿De qué le sirve al PSOE, o al PP si hubiera ganado, la victoria si para gobernar debe pasar por las exigencias de una minoría? ¿No es patético? A mí se me ha quedado la cara de tonto, pero pienso que idéntica cara se le debe haber quedado a la inmensa mayoría de este país. Excepto a algunas comunidades que, electoralmente, demuestra ser más inteligentes.
El voto no sirve para congraciarse ni para demostrar fidelidad, admiración o agradecimiento. El voto es, es en esencia, un instrumento de poder y como tal debe ser utilizado. O entendemos esta cuestión desde una perspectiva pragmática, de utilidad y acción política, o seguiremos hipotecando el futuro político de nuestro estado, autonómico y constitucional.
Yo no debo, no puedo y no quiero buscar culpables; mi crítica es un lamento y la expresión sincera de tristeza ante un anhelo político frustrado. Me da pena el resto del país, pero me duele el alma por el caso de Andalucía, otra vez salimos perdiendo; ganamos con los votos, pero perdemos con el gobierno. Dije y mantengo que no persigo buscar culpas, pero sí denunciar errores. Así, las comunidades que tienen convocatoria de elecciones diferenciadas del resto del país, tienen la oportunidad de discutir el modelo de Estado para España, independientemente de cómo arreglan el suyo propio; esas comunidades han discutido sobre la forma de intervenir en el gobierno de la nación. Las otras nos hemos quedado en el debate Z-R y en el Madrid-Barcelona. Me queda la esperanza de que el Parlamento de Andalucía pida elecciones separadas o de que todos los andalusitos y andalusitas de a pie, le digamos a Papá Chaves que queremos lo que otros tienen, que se pagan con dinero del estado, con nuestro dinero.
El manifiesto e intencionado cerco al nacionalismo, que se ha practicado desde los dos partidos mayoritarios del panorama político español, ha dado sus resultados: ha perjudicado a todos. Así, las opciones nacionalistas aragonesas o andaluzas han sido descartadas de cara a la representación política de esos territorios. Es posible que PSOE y PP las echen de menos cuando se sienten en el Parlamento a bajarse las vestiduras delante de otras, que no han querido ocultarse. Decía hace unos días que el nacionalismo, en un sistema bipartidista, era como el agua para el cemento y la arena, necesario. Lástima que lo dicho en Andalucía sea recogido y utilizado en Cataluña. Aquí, en nuestra tierra, los grandes pensadores de la política y de la comunicación, doctos del disfraz y del conchaveo, seguirán vanagloriándose de la gran victoria obtenida, del crecimiento del PP y de la nueva victoria del PSOE . Nunca antes como ahora, una victoria puede dejar un sabor tan amargo… Y es que no lo puedo evitar, a mí se me ha quedado la cara de tonto, no sé si a los demás también.
+ ver más >>